La impermeabilización tiene la función de evitar el paso del agua y la humedad en las cubiertas y otras partes de los edificios o las construcciones. Las láminas impermeabilizantes pueden ser bituminosas o sintéticas.
Las láminas bituminosas están compuestas por betún asfáltico. Pueden ser «autoprotegidas» si incorporan protección frente al Sol y otros factores ambientales (normalmente con una hoja de aluminio o una capa de granos de material pétreo en su cara superior). O pueden ser láminas no protegidas, que han de cubrirse necesariamente con otro elemento en la obra, por ejemplo, con una capa de grava o un pavimento.
Las láminas sintéticas pueden ser plásticas, como las de PVC, o elásticas, como las de caucho.
Dependiendo del tipo de lámina, la instalación se realiza mediante un proceso de soldadura con calor, la aplicación de un adhesivo o mediante anclajes mecánicos.
El sistema de impermeabilización se completa con otras capas que incrementan las prestaciones de aislamiento y protección de la cubierta. Y se termina con la realización de juntas y remates en los encuentros con otros elementos de la construcción a impermeabilizar, para asegurar la continuidad de la membrana.